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La victoria de Cristo en nosotros para ser sus testigos

Apr 30
11 min read


Eye-level view of a church gathering with people engaged in prayer


Un triunfo siempre es más glorioso cuando se logra en un contexto de desastre total. Cuando la oscuridad parece imponerse y solo queda un pequeño destello de luz, todos cerramos los ojos con la esperanza de que esa luz brille de tal manera que no haya más oscuridad. Por ello, una de las historias más conmovedoras en el mundo es la victoria obtenida tras lo que parecía ser una derrota segura.


Este glorioso triunfo se aplica a la victoria de Jesús. Él vino a la oscuridad como luz y la oscuridad trató de vencerlo, pero no pudo lograrlo (Juan 1:5). Su victoria en la cruz parecía una gran derrota. Murió como un criminal, avergonzado y burlado por las personas a las que vino a salvar, pero Él es el Rey victorioso quien conquistó a sus enemigos para siempre. Podemos ver esa maravillosa y gloriosa victoria a través de su resurrección y exaltación/coronación a la derecha del Padre. Él es el Rey resucitado, su victoria está asegurada y ahora la restauración del Reino está cerca. 


Así mismo, el Reino se restaura a través de testigos vivos de la victoria de Jesús en la resurrección. Sin embargo, eso no vendrá sin oposición, este mundo es el reino de las tinieblas, y quienes pertenecen a este reino odian la luz (Juan 3:20) por lo que sabemos que vendrá la persecución (Juan 15:20). Lo que al principio parecía una gran victoria para el Evangelio en los primeros momentos de la iglesia primitiva, ahora parece ser una derrota, después de los grandes sermones y las grandes conversiones de miles ahora los creyentes en Jerusalén están siendo perseguidos por las autoridades que dicen seguir y servir a Dios. 


¿Cómo puede entonces el pueblo del Cristo victorioso compartir esa victoria en el reino de las tinieblas que odia la luz que ellos representan? A través de la vida del Cristo resucitado en nosotros, a través del Espíritu, participamos de su victoria al testificar ante el mundo que Él vive y reina, un gran ejemplo de cómo somos partícipes de esa victoria al ser testigos del Cristo resucitado es el de Esteban en Hechos 7, el cual estudiaremos en detalle.


La iglesia en crecimiento es amenazada


Antes de entrar a estudiar Hechos 7 es importante entender un poco del contexto del libro de Hechos hasta este momento. A lo largo del libro de los Hechos vemos cómo la Iglesia florece por la gracia de Dios, cada día la iglesia de Jerusalén crecía a medida que más personas llegaban a la fe en Jesús como el Mesías (Hechos 2:47). Eso, por supuesto, impactó a la gente de Jerusalén, ahora tenían miles de personas que seguían este nuevo movimiento (la iglesia), algo que llamó la atención de las autoridades judías, que para entonces ya habían advertido a Pedro y Juan (dos de los líderes de la iglesia) dos veces, azotándolos y amenazándolos, para que no predicaran en el nombre de Jesús (Hechos 4:18; 5:40-52). Sin embargo, el Evangelio de Cristo resucitado siguió predicándose y más personas se convirtieron a la fe, ¡incluso algunos sacerdotes! (Hechos 6:7).


Acompañado a ese crecimiento también surgieron algunos malentendidos. Por ejemplo, para resolver un problema relacionado con la distribución de alimentos a las viudas, los apóstoles y la iglesia de Jerusalén ordenaron a unos diáconos que se ocuparan del asunto. La tarea de los diáconos era asegurarse de que hubiera una distribución equitativa entre las viudas judías y helenistas (Hechos 6:1-7). Uno de esos diáconos se llamaba Esteban.


El juicio de Esteban es similar al juicio de Jesús


Esteban, al igual que los apóstoles, era testigo de la victoria de Dios y de la restauración del Reino por parte de Jesús el Rey resucitado. Podemos ver esto porque Esteban tenía el mismo Espíritu, realizaba las mismas señales y prodigios y, lo más importante, proclamaba la misma buena nueva: las Escrituras se han cumplido en Jesús el Mesías. Predicaba con valentía y sabiduría, tanto que no pudieron refutar su enseñanza, que provenía del Espíritu (Hechos 6:10). Así que, como hicieron con Jesús (Mateo 26:57-68, cf. Marcos 14:53-56), los líderes judíos y la corte del sumo sacerdote lo capturaron y lo llevaron ante el Sanedrín, recurriendo a sus artimañas malvadas, es decir, presentan testigos falsos contra Esteban (una muestra de sus corazones endurecidos, ya que prefieren actuar pecaminosamente para condenarlo que darle un juicio justo) y lo llevan a juicio ante el tribunal (Hechos 6:11-13a).


Es importante recordar que la palabra «testigo» en el griego original (mártir) tiene una connotación legal, no se refiere simplemente a alguien que da su opinión personal y comparte sus creencias y experiencias personales, sino a un representante legal en un juicio que puede testificar que los hechos o pecados de los que se acusa al demandado son ciertos. Es importante señalar que no se podía dictar sentencia definitiva a menos que hubiera dos o tres testigos (véase Deuteronomio 17:6-7).


Ahora Esteban está siendo juzgado y debe cumplir su papel de testigo de Cristo resucitado ante el mismo tribunal y las mismas personas a las que Jesús se presentó para ser juzgado como el Cristo. Lucas nos muestra varios paralelismos entre el juicio de Jesús y el de Esteban: dos hombres inocentes, un tribunal corrupto lleno de alsos testigos, ambos siendo declarados inocentes antes de hablar, la autoridad haciendo una única pregunta  y son reivindicados como verdaderos testigos, testigos fieles de Dios y de su Reino en Cristo, es decir en medio de testigos falso que pretenden seguir la Ley de Dios y ser los representantes de Dios en la tierra, son Esteban y Jesús los que se muestran como los verdaderos testigos de Dios.. 


Es en estas circunstancias cuando comienza el primer juicio. La acusación consiste en falsos testigos que acusan a Esteban de blasfemia contra Moisés y Dios (Hechos 6:11), y de «no cesar de hablar contra este lugar santo (el templo) y la ley» (Hechos 6:13b). Todos estos cargos se basan en la enseñanza de Esteban de que Jesús es el cumplimiento de las Escrituras (Hechos 6:14). . Su defensa contra las falsas acusaciones y un tribunal malvado que ya ha predeterminado su sentencia consiste en que sus testigos falsos hablen, se contradigan entre sí y muestren sus verdaderas intenciones, es decir, muestren que no están del lado de la verdad y la justicia, sino que son testigos contratados para condenar a alguien inocente. .


El paralelismo con el juicio secreto de Jesús es evidente: ambos son acusados con testigos falsos y ambos son declarados inocentes sin siquiera hablar: Esteban tiene el rostro de un ángel y Jesús no pronuncia ni una palabra durante su falso juicio (compárese Hechos 6:15 con Marcos 14:61a, cf. Mateo 26:63a)., En este paralelismo, vemos al sumo sacerdote haciendo la pregunta que dará un giro a la situación. En el caso de Jesús, el sumo sacerdote le pregunta si es el Cristo (el Hijo del Dios viviente). En el caso de Esteban, la pregunta es muy simple: «¿Es esto así?» (Hechos 7:1). Ahora es el momento de que Jesús y Esteban presenten su defensa. Jesús responde de manera sencilla: «Tú lo has dicho». La defensa de Esteban es mucho más elaborada, pero el paralelismo sigue siendo válido. Un tribunal corrupto de falsos testigos (que ya han decidido ejecutarlos), tras ser incapaces los falsos testigos de de presentar un caso válido contra tanto Esteban como Jesús, los líderes y la corte del sumo sacerdote necesitan que digan algo de lo que puedan acusarlos como culpables sólo para infligirles la pena de muerte que ya han decidido en sus corazones. Lo que no se dieron cuenta en el juicio de Jesús, y lo que no se dieron cuenta en el juicio de Esteban, es que los lugares han cambiado. En el caso de Jesús, Él les mostró cómo se cumpliría Daniel 7 en Su victoria en la cruz: verán al Hijo del Hombre a la diestra de la majestad, el sumo sacerdote y juez corrupto están ahora ante el Juez Justo de todo el mundo. En el caso de Esteban, los falsos testigos que no pudieron responder a su sabiduría y Espíritu, ahora serán juzgados por este testigo lleno del Espíritu de Cristo.



Tesigos Falsos


Ahora el discurso de Esteban, o en otras palabras el juicio de Esteban contra los falsos testigos es una declaración basada en las Escrituras,en esto es un contraste completamente notorio con las declaraciones generales y vagas de los falsos testigos. Vemos el comienzo de las promesas de Dios para su pueblo en Abraham a través de un pacto (un acuerdo vinculante entre dos partes con bendiciones por la obediencia y maldiciones por la rebelión), aunque no se cumplieron durante su vida (Hechos 7:2-8). Estas promesas del pacto continúan, en la providencia de Dios para con su pueblo, incluso cuando los patriarcas actuaron por odio hacia su hermano, Dios utilizó a José para preservarlos al final (Hechos 7:9-16). También vemos la providencia de Dios en la vida de Moisés. Dios lo salvó de las manos del faraón, lo puso en su propia casa y le dio la mejor educación (Hechos 7:17-22), pero él fue fiel al pueblo de Dios, incluso matando a un egipcio para salvar a uno de sus hermanos. Sin embargo, ellos no querían un salvador y rechazaron a Moisés como gobernante y juez sobre ellos (Hechos 7:23-29). 


Es sobre este trasfondo histórico y del pacto que se basa el examen directo de las pruebas por parte de Esteban: el pueblo de Dios ha apostatado y se ha rebelado constantemente contra Él, a pesar de que Él los ha amado.Como un esposo  los amó con amor de pacto, siendo siempre fiel; y como una esposa infiel, el pueblo de Dios se ha ido a otros dioses una y otra vez. Dios demostró ser fiel durante mil generaciones, el pueblo demostró ser infiel desde el principio. Les dio a Moisés como gobernante y redentor mediante prodigios y señales, y los liberó de la esclavitud en Egipto (Hechos 7:35-36, 37). Sin embargo, no le obedecieron y en sus corazones se volvieron hacia Egipto, adorando al Dios verdadero en contra de sus propias instrucciones (Hechos 7:39-41), por lo que Dios los entregó a sus corazones endurecidos (Hechos 7:42a) y les prometió el exilio por su desobediencia e idolatría (Hechos 7:42b-43). También les dio el tabernáculo y el templo (Hechos 7:44-47), y en sus corazones endurecidos olvidaron que Dios no se limita a una estructura construida por manos humanas, y el lugar para rendir culto a Dios se convirtió en Dios mismo, el templo se convirtió en el centro de su adoración y abandonaron al Dios que les dio el templo, cambiaron al Creador por las cosas creadas (Hechos 7:49-60, cf. Romanos 1:23).


En medio de su apostasía y rebelión, una cosa sigue siendo cierta: todas las promesas de Dios son verdaderas y se cumplirán. Dios prometió enviar un profeta como Moisés (Hechos 7:37) para que fuera el verdadero y definitivo redentor de su pueblo. Envió profetas que anunciaban la venida del Justo (Hechos 7:53b), no abandonó sus promesas, su pueblo ni su pacto. Ahora el Justo ha venido y ha cumplido todas las promesas de Dios, ha logrado la redención definitiva y ha traído el fin de los tiempos. Sin embargo, los líderes judíos, al igual que sus padres antes que ellos, han demostrado ser apóstatas y también se han rebelado contra Dios. Han elegido matar al Hijo para convertirse en los únicos dueños del Reino (Lucas 20:9-19, cf. Mateo 21:33-41, Marcos 12:1-12). Mataron a los profetas y ahora mataron al Cristo, porque sus corazones y sus oídos están incircuncisos, aunque proclaman ser siervos de Dios, son Sus enemigos. Proclaman ser la simiente de la mujer, pero son la simiente de la serpiente. Acusan a Esteban de ir contra la Ley, aunque ellos tienen la Ley y no la guardan. De hecho, prefieren los mandamientos hechos por el hombre a la Ley de Dios (Hechos 7:51, 52a, 52c-53).


El paralelo definitivo entre los juicios de Esteban y Jesús



Victoria


Podemos ver lo diferente que es la victoria cuando comparamos como Dios la ve , en comparación con cómo la vemos los seres humanos. Para nosotros, la victoria es evidente y poderosa, como un guerrero poderoso que conquista a sus enemigos o un grupo de superhéroes que derrotan a las fuerzas del mal de una manera que todos pueden ver. La victoria de Dios, por otro lado, es sacrificial, es a través de la entrega de su amado Hijo, para que Él pudiera salvar a su pueblo de su rebelión. Su victoria no es a través de la espada, sino a través de la cruz.


Vemos esto en Jesús: el León de Judá victorioso entregado como un cordero para ser sacrificado, Su victoria no es a través de la espada y el derramamiento de sangre a través de la violencia y la guerra o mediante el uso de Su poder de manera violenta para derrotar a Sus enemigos; en cambio, Él es humilde y es entregado para morir, y de esa manera logra la victoria final y verdadera: la redención. Es a través de su sufrimiento que es exaltado y sentado a la diestra de Dios, Él es el Soberano de todos los reyes de la tierra. Lo mismo ocurre con Esteban, quien, a pesar de ser el verdadero testigo al denunciar la rebelión del pueblo de Dios, es ejecutado. ¿Cómo puede su muerte ser una victoria? ¡Eso no es una victoria, es una derrota!  Sin embargo, Dios y el propio Rey lo declaran verdadero testigo del Rey resucitado, esa es la visión de Esteban. Él es testigo de que todas las promesas del pacto de Dios se han cumplido en Jesús, su Ungido. Él es testigo de que las falsas acusaciones de los líderes judíos no pueden utilizarse en su contra, de que la resurrección sí ocurrió, de que Él ha ascendido y ha cumplido Daniel 7, de que está en el trono y de que gobierna a través de su pueblo.  Eso no es derrota, ¡es victoria! «Bienaventurados seréis cuando os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros por mi causa, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos, pues así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros» (Mateo 5:11-12). Esteban, y todos nosotros, podemos considerarnos bienaventurados si somos perseguidos por causa de Su nombre.


Relacionando el juicio de Esteban con nuestra vida


Ahora vivimos en una sociedad que, al igual que los líderes judíos, ha abandonado a Dios,nuestra sociedad adora todo tipo de ídolos.  Seguimos viviendo en medio de personas caídas y rebeldes, eso quiere decir que tenemos la misma misión que Esteban y los apóstoles: ser testigos, verdaderos testigos del Rey resucitado. Podemos, por la victoria de Cristo en nosotros, a través del Espíritu y la Palabra denunciar a la iglesia apóstata que ha abandonado el verdadero Evangelio, lo hacen basando la salvación en obras,, o celebrando la inmoralidad sexual, o proclamando un Evangelio de reforma social o el de la prosperidad,  o el Evangelio de la muerte que asesina a los no nacidos, abandona a las viudas y a los huérfanos, etc. Y, como Esteban, podemos estar seguros de que, aunque nos cueste la vida, Jesús está sentado en el trono, ha cumplido su nueva obra creadora y está restaurando todo. No tenemos que derrocar al gobierno y juzgar a todos los rebeldes según la Ley de Dios. Podemos desenmascarar su maldad y, por lo tanto, ser testigos ante Dios para que no tengan ninguna excusa en el día final.  


Estamos llamados a ser sus verdaderos testigos; ¡el Rey ha resucitado! Que toda la tierra escuche esas Buenas Nuevas, para su salvación o para su juicio. La victoria de Dios se logra mediante la proclamación de la vida, muerte, resurrección y ascensión de Jesús el Mesías. Incluso si el gobierno o las autoridades están en contra nuestra, podemos ser verdaderos testigos y, al igual que con la muerte de Esteban, veremos a Dios triunfar a través de la salvación de muchos. El asesinato de Esteban llevó el Evangelio a Samaria y a los confines de la tierra, y nosotros somos testigos vivos de esa realidad.  Él está poniendo a todos sus enemigos bajo sus pies, no a través de la guerra, ni a través de la legislación, sino a través del Evangelio del Rey Resucitado.


«Porque así como por la desobediencia de un solo hombre muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo muchos serán constituidos justos» (Romanos 5:19, énfasis añadido). Esta es la victoria de Dios en Cristo: ¡Está hecho! Adoremos a nuestro gran Dios: Él está vivo, Él ha resucitado verdaderamente, alabemosle por la cruz La muerte ha muerto, Dios ha vencido. Jesucristo ha triunfado; Él ha resucitado de entre los muertos. ¡Aleluya!


No desesperemos siendo los verdaderos testigos en medio de falsos testigos, nadie puede vencer a Jesús, nuestro Rey, ni siquiera la muerte. 



 
 
 

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