top of page

La Biblia:¿Una narrativa humana o la historia real de Dios?

May 12
8 min read


¿Y si la Biblia es realmente la Palabra de Dios?


  Imagina por un momento que descubres que no eres huérfano. Durante años has vivido sin saber nada de tus padres, pero un día te informan de que existen. Decides investigar: averiguas dónde viven, a qué se dedican, incluso lees documentos oficiales que confirman su paternidad.


     Sin embargo, por mucho que sepas sobre ellos, no los conocerás realmente mientras no los conozcas personalmente y se establezca una relación personal.


     Con Dios ocurre algo similar, pero con una diferencia radical: Él es el Creador y nosotros criaturas, y solo puede ser conocido si decide revelarse. El ser humano puede observar la creación y llegar a conclusiones válidas sobre la existencia de un Creador. Pero si Dios no tomara la iniciativa de revelarse, seguiríamos sin conocer quién es realmente y qué quiere de nosotros.


Con esto en mente ¿y si Dios sí ha hablado? ¿Y si no estamos ante meras especulaciones, sino ante una revelación real? ¿Y si la Biblia no es una narrativa construida por el hombre, sino el medio por el cual Dios mismo se da a conocer?


     Esto nos coloca ante una bifurcación de caminos: o la Biblia es una construcción humana más, o es la revelación especial mediante la cual Dios mismo ha hablado en la historia.

¿Y si tus prejuicios te han llevado a ver el no creer en Dios o en no creer que Dios realmente ha hablado como lo racional, cuando las evidencias muestran lo contrario?


Tal vez nos preguntemos: ¿existe Dios? Si nuestra respuesta es afirmativa, entonces es válido preguntarse: ¿se habrá comunicado con nosotros? Y si lo hizo, ¿por qué y cuáles fueron sus motivos?


A veces, incluso, se puede dar por sentado la existencia de Dios sin mostrar mayor interés, pero seguro que en ocasiones te preguntas: ¿y qué si existe?, ¿por qué iba a querer Dios comunicarse con nosotros? Ahí es donde entra la importancia de saber lo que es la Biblia.


La etimología nos dice que la palabra Biblia proviene del griego βιβλία y significa “libros”, por tanto, podemos decir que es un conjunto de libros inspirados divinamente en los que Dios se revela de forma especial al ser humano. Hacemos hincapié en que es de forma específica porque teológicamente hablando existe otro tipo de revelación llamada la revelación general, que se evidencia a través de la Creación (Romanos 1:20). Así, la Biblia es la revelación especial y a la rama de la teología que se encarga de su estudio se le llama Bibliología.


Lo más asombroso de todo esto es la gran unidad de este conjunto de documentos escritos en diferentes épocas, por diferentes autores (más de 40) en un período de aproximadamente 1.500 años. En medio de una diversidad de culturas, lugares y momentos históricos, y escritos en tres idiomas diferentes. A pesar de todo eso, la unidad de la Biblia es asombrosa, algo imposible de realizar por la mera imaginación humana. La Biblia nos cuenta una misma historia de principio a fin. Además, hallamos múltiples referencias cruzadas entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, y cientos de profecías que se cumplen a la perfección en la vida y obra de Jesucristo (más de 300). Los profetas del Antiguo Testamento declararon que nacería en Belén (Mi 5:2), de una virgen (Is 7:14), su muerte y resurrección victoriosa (Is 53:4-6, 10-12), sería traicionado por 30 monedas de plata (Zac 11:12-13), y sería enterrado en la tumba de un hombre rico (Is 53:9). Podemos ver esta unidad en la siguiente gráfica donde se muestran las menciones y alusiones que un libro de la Biblia hace a otro libro, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. 



Sin embargo, vivimos en una época en la que se desconfía de cualquier historia que afirme poder dar sentido global a la historia y, con ello, a la existencia humana. Esto no surge sin más, sino como reacción a obras humanas que prometieron ese sentido a través del progreso y que, lejos de cumplirlo, terminaron produciendo frustración, injusticia y manipulación. Estos proyectos humanos son descritos por Lyotard como relatos de legitimación del saber, en particular el relato político emancipador, que presenta a la humanidad como dueña de suemancipación, y el relato filosófico o especulativo, que pretendía ofrecer una unidad total del saber y de la historia1.


Este panorama arroja luz sobre por qué hoy muchas personas rechazan cualquier visión global de la historia, incluso sin conocerla. Pero aquí es fundamental hacer una distinción: la Biblia no pertenece a la misma categoría que esos proyectos humanos.


Y sí, en realidad, el problema no es tanto si se cree o no que exista una auténtica historia que explique la realidad en la que vivimos, sino que ya no se quiere oír hablar de ello. Ya no interesa, no se desea conocer, o se predica que es incognoscible.


Esta atmósfera de desconfianza y de falta de interés hacia las verdades objetivas se traduce, o bien en negar su existencia, o bien en decir que el ser humano no puede conocerlas. Ambas posiciones no son coherentes en sí, pues, si decimos que no existe ninguna verdad objetiva ya estamos haciendo una declaración que lleva implícito lo que queremos negar. Y si decimos que la hay, pero que es inalcanzable, no solo plantea la dificultad lógica de afirmar algo verdadero sobre aquello que se dice no poder conocer, sino que también deja abierta la posibilidad de que dicha verdad pueda darse a conocer por iniciativa propia.


Es decir, aunque el ser humano no puede alcanzar la verdad por sus propios medios, esto no es obstáculo para que la verdad se dé a conocer. Romanos 1:19-20 nos muestra que el problema no es epistemológico, sino moral: el ser humano no quiere rendir cuentas a Dios y, por ello, distorsiona, suprime y rechaza la verdad. De hecho, en Juan 1:14 se nos muestra que es Dios quien, al encarnarse y condescender con el ser humano, se da a conocer como la Verdad en la persona de Jesucristo.


Por esta razón, el espíritu contemporáneo no solo se posiciona en interpretaciones subjetivas como una consecuencia de la incredulidad hacia los metarrelatos, como se apuntó anteriormente, sino, también, como observa Antonio Cruz, la mentalidad posmoderna se caracteriza por un rechazo de las verdades absolutas, junto con una preferencia por opiniones subjetivas y relativas que evitan compromisos normativos objetivos2.


Todo esto deja una sensación extraña, puesto que el hecho de vivir conlleva aceptar verdades objetivas, aceptar realidades que escapan al deseo de relativizarlo todo, respirar para tomar oxígeno y no morir, ir al médico porque enfermamos, la gravedad (nadie se tira de un séptimo pensando que va a llegar al suelo suavemente como una pavesa), que un día moriremos… son verdades que no podemos obviar. Del mismo modo, el ser humano vive buscando sentido para su vida. Por eso, la verdad objetiva no se puede eliminar, lo que sí se puede es negarla o, simplemente, ignorarla. Entonces la pregunta sería: ¿por qué incomoda la existencia de la verdad absoluta hasta el punto de quedar expuestos en una postura, en muchas ocasiones, irracional?


La Biblia no es un metarrelato humano, sino la historia real de Dios en rescate del pecador


A diferencia de los relatos modernos, que nacen del hombre y lo ensalzan, la Biblia se presenta como una historia que no solo juzga al ser humano, sino que además no procede de él. Habiendo llegado a este punto, te animo a que te tomes un par de minutos para pensar en las preguntas que a lo largo de la historia se ha hecho el ser humano y tomes nota de ellas. Algunas de las más importantes son: ¿Quiénes somos? ¿Por qué y para qué estamos aquí?


¿Hacia dónde vamos? Esas respuestas están ligadas a los cuatro temas principales de los que


trata la Biblia, estos son: Creación, Caída, Redención y Consumación. Es una historia completa de principio a fin.


Y aquí aparece una diferencia crucial con los llamados “metarrelatos” modernos. Mientras que los relatos humanos son puro antropocentrismo, el relato bíblico hace exactamente lo contrario. La Biblia no entrona al ser humano, lo confronta; no exalta su autonomía, la desbarata. El hombre no es el centro del universo, no es su propio jefe, no manda y, además, está en serios problemas. Este relato no es simbólico, no son ideologías de hombres con ansias de poder, no es terapia psicológica para que te haga sentir bien en tu miseria mientras justifican tu pecaminosidad.


Si realmente Dios existe y es veraz, y las Escrituras han sido exhaladas por Él mismo, es decir, la Biblia es inspirada divinamente, entonces podemos concluir que es totalmente cierta. ¿Vemos su mensaje central? Sin duda alguna, el tema central desde Génesis (el primer libro) hasta Apocalipsis (el último libro), es el plan redentor de Dios para rescatar a una humanidad caída en pecado y restaurar la comunión rota con Él, a través de su Unigénito Hijo Jesucristo, la segunda persona de la Trinidad.


La Creación nos habla de quién es el fundamento de todo lo que existe, creador, sustentador y gobernador de todo (Gn 1:1; Jn 1:3; Col 1:16–17; He 1:3). La Caída explica el mal y el sufrimiento, la enemistad con Dios (Gn 3:6–7; Ro 8:20–22). La Redención ocurre en la historia mediante la encarnación, la cruz y la resurrección de Cristo (Ga 4:4–5; Ro 3:24–26; 1 Co 15:3–4). Y la Consumación apunta a una restauración total futura que no depende del progreso humano, ni de sus desvaríos filosóficos ni de sus políticas, sino de la fidelidad de Dios a sus promesas (Ro 8:18–23; Ap 21:1–4).

La Biblia no presenta la verdad como una idea abstracta, inalcanzable o subjetiva de cada individuo, no es tu verdad y mi verdad, sino la Verdad que se da a conocer porque Dios mismo así quiso y determinó. Y tenemos su máxima expresión en la persona de Jesucristo. Él mismo dijo: “Yo soy la verdad” (Jn 14:6).


Según las Escrituras, el problema fundamental del ser humano no es la falta de evidencias que apuntan a Dios sino su resistencia a ello. Como afirma el apóstol Pablo, los hombres “detienen la verdad con injusticia”, no porque la desconozcan, sino porque reconocerla implica rendir cuentas ante Dios (Romanos 1:18). El propio Jesús dijo: “la luz vino al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz” (Juan 3:19).


Sin embargo, el Evangelio no se limita a confrontar; también ofrece esperanza. La verdad que incomoda es la misma que salva. El Autor de la Creación nos ofrece así una vida eterna en su presencia, para tener comunión con Él y escapar de una condenación eterna en el infierno, pues, como la misma Biblia dice: “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna […] El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:16, 36).


Te reto


Te reto a que sigas buscando más información. Deja tus prejuicios a un lado. Este es un reto muy serio… ¿Entiendes por qué te lo pido?


Quizá hoy desconfiamos de las grandes historias porque muchas prometieron salvar al hombre y terminaron oprimiéndolo, asesinándolo, engañándolo. Pero la Biblia dice lo contrario, que el hombre no puede salvarse a sí mismo. Y precisamente por eso, esta historia no nace del hombre, sino de Dios, al costo de entregar a su amado Hijo, en quien tiene

complacencia, a morir en una cruz cargando con los pecados de su pueblo, el justo por el injusto (1 Pedro 3:18).


Sin duda alguna, estamos ante el conjunto de documentos históricos más importantes que puedan caer en nuestras manos. Al menos, se le debería dar una oportunidad e indagar en toda esta historia de redención que es contada en ella.


Al final de cuentas, si esta historia de redención no fuese verdad, habrás alcanzado nuevos conocimientos culturales e intelectuales al leer, pero si es verdad tendrás en la mano algo realmente importante que puede cambiar tu vida no solo aquí sino también en la eternidad.



Bibliografía


Cruz, Antonio. Posmodernidad y fe cristiana. Barcelona: CLIE, 1996. Edición Kindle.


Lyotard, Jean-François. La condición postmoderna: informe sobre el saber. Traducción de Mariano Antolín Rato. Madrid: Ediciones Cátedra. Edición Kindle.








 
 
 

Comments


Renovando Tu Mente

​

"No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cómo es la voluntad de Dios: buena, agradable y perfecta."

Romanos 12:2

  • Youtube
  • Facebook
  • Instagram

Contáctanos

Si tienes alguna duda, solicitud o sugerencia puedes enviarnos un mensaje llenando el siguiente formulario:

© 2035 by by Leap of Faith. Powered and secured by Wix

bottom of page