top of page

El Dios de misericorida e ira: un análisis de Jonás y Nahúm.

Sep 11
7 min read

Entre los doce Profetas Menores encontramos dos libros que siempre llamaron mi atención. Son el libro de Jonás y el de Nahúm. En ellos encontramos dos aspectos inseparables del carácter de Dios: su misericordia y su justicia. 


Hoy en día donde se habla de amor y más amor, pero nada de juicio se hace oportuno hablar de estos dos profetas y su mensaje. Y no dude querido lector que, aunque pertenezcan al Antiguo Testamento, el mensaje que quieren transmitir sobre el carácter de Dios sigue vigente para ti y para mí. 


Introducción a Jonás y Nahúm


El escenario tanto de Jonás como de Nahúm es Nínive, la capital del Imperio asirio. Este imperio de gran poder militar era temido por su crueldad: empalamientos de prisioneros, decapitaciones masivas, era realmente aterrador. Ambos profetas hablan de la misma ciudad, pero en momentos históricos diferentes. 


Jonás fue un profeta durante el reinado de Jeroboam II (2 Reyes 14:25), por lo que su ministerio es en el siglo VIII a.C., precisamente cuando Asiria, con capital en Nínive, comenzaba a expandirse y conquistar otros reinos. Nahúm fue escrito alrededor del siglo VII a.C., probablemente antes del año 612, fecha en la que la ciudad de Nínive cayó. Vemos entonces lo que sucede en un periodo de aproximadamente un siglo entre un profeta y el otro. 


Hay un gran contraste entre ambos profetas, mientras que Jonás es testigo del arrepentimiento de la ciudad y de la misericordia de Dios, Nahúm anuncia su destrucción de la misma por endurecer su corazón y pecar contra Dios el cual hará caer sobre ella su juicio. 


Así, por un lado, podemos ver la misericordia de Dios para los que, por muy pecadores que sean, se arrepienten y, por otro lado, vemos el justo juicio de Dios para los que persisten en su maldad sin arrepentimiento. 


Jonás resalta que Dios es «clemente y piadoso, tardo en enojarse y grande en misericordia» (Jonás 4:2), mientras que Nahúm hace énfasis en que ese mismo Dios «no tendrá por inocente al culpable» (Nahum 1:3). Lejos de ser contradictorios, ambos profetas muestran la armonía entre la misericordia y la justicia divina. Y ambos textos son un claro eco de la auto-revelación de Dios en Éxodo 34:6-7, donde el Señor se presenta simultáneamente como abundante en misericordia y perfecto en justicia:


«¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad... que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado».


El Dios misericordioso que Jonás temía


Si algo conocía Jonás, además de la maldad y crueldad de los asirios, era la gran misericordia de su Dios. El profeta libró una batalla en su corazón cuando fue encomendado por Él para llevar un mensaje de juicio divino que, tras una historia bastante interesante, ocurrió tras ser vomitado en tierra por un pez al entrar en la ciudad tras un día de camino:

«De aquí a cuarenta días Nínive será destruida»

(Jonás 3:4)


Jonás no quería que los ninivitas fueran objeto de la misericordia de Dios, eran una amenaza para Israel. Resulta tremendamente revelador cómo la historia de Jonás apunta directamente a nuestros corazones que, aunque no hayan lidiado con algo parecido todavía, probablemente tengan que hacerlo en algún momento; ¿no te ha costado alguna vez orar por la conversión de alguien que te ha causado un gran mal? Ciertamente podemos engañar a los hombres, pero Dios no puede ser burlado, Él ve lo profundo del corazón humano. Somos prontos en señalar a Jonás, pero tardos en examinarnos a nosotros mismos.


Jonás fue y habló, después de intentar huir de su cometido, pero cuando lo hizo seguía con el corazón equivocado, vemos su lamento al ver derramada la misericordia de Dios sobre Nínive:


«Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó. Y oró a Jehová y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal. Ahora pues, oh Jehová, te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida»

(Jonás 4:1-3)


Un hombre que fue sin desearlo en su corazón, y un mensaje conciso (Jonás 3:4) bastó para que Dios cumpliera su plan. Tiempo atrás escuché en una ocasión decir (entiéndase, cuando se proclama fielmente el evangelio bíblico) «si la gente no se convierte la culpa es del mensajero», ¡qué grave error! Si algo vemos en Jonás es que Dios usa instrumentos que dejan mucho que desear, porque solo son medios, si la salvación dependiera de nosotros cuando evangelizamos no se salvaría nadie. 


Así, vemos que, en cierto sentido, Dios toma la verdad proclamada por Jonás: «La salvación es de Jehová» (Jonás 2:9) y la aplica delante de sus ojos en la ciudad de Nínive. La salvación no es merecida por el hombre ni es producida por el hombre. La salvación es obra de Dios desde el principio hasta el final. Dios enseña una gran lección: si la salvación pertenece verdaderamente a Jehová, entonces Él tiene el derecho soberano de tener misericordia de quien quiera tener misericordia, como nos lo recordará Pablo en su epístola a los Romanos. 


Jonás estaba dispuesto a celebrar esa verdad cuando lo salvó a él del vientre del pez, pero no le agradó nada cuando fue aplicada a Nínive. Por eso el libro concluye con una pregunta que confronta tanto al profeta como al lector de hoy: «¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad?» (Jonás 4:11). Realmente, ¿nos gozamos con un corazón sincero en la misericordia de Dios siempre? 


La historia de Jonás muestra que la misericordia de Dios alcanza a cualquier pecador que se arrepienta, la salvación no es un privilegio exclusivo de una nación y, mucho menos de quienes creen que la merecen por sus méritos. 


El Dios airado que todos temen


El escenario es totalmente diferente, donde hubo arrepentimiento ahora hay endurecimiento. Generaciones posteriores a aquel gran avivamiento, vuelven a vidas entregadas al pecado, a su maldad. De nuevo, hay un tiempo donde Dios retrasó su juicio, un tiempo de paciencia y misericordia prolongada hasta que llegó el día en que Dios manifestó su justicia y santidad. Nahúm dice:


«Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable»

(Nahúm 1:3)


Aunque Nínive se arrepintió en tiempos de Jonás (Jonás 3:5-10), con el paso de los años volvieron a la violencia y la opresión, Nahúm la describe como una «ciudad sanguinaria, toda llena de mentira y de rapiña» (Nahúm 3:1). Durante el periodo de dominio, Asiria conquistó el reino del norte de Israel (2 Reyes 17:6) e invadió el reino del sur Judá (2 Reyes 18–19). Finalmente, Dios anuncia por medio de Nahúm el juicio sobre la ciudad, demostrando que, aunque es «tardo para la ira», también «no tendrá por inocente al culpable» (Nahúm 1:3).


Es interesante ver el corazón humano, hoy en día, para muchas personas Dios es visto y representado como un anciano bonachón de largas barbas blancas, es solo una caricatura de Dios, un ídolo creado para sus deseos propios. Incluso, en medio de su iglesia hay personas que creen que la misericordia de Dios y su gracia ya los hace inmunes para vivir de cualquier manera, otro grave error con terribles consecuencias. 

El gran desconocimiento del Dios de la Biblia hace que muchas personas confundan su misericordia con indiferencia hacia el pecado, o su paciencia con tolerancia indefinida hacia éste. Sin embargo, la Escritura enseña que la misericordia y la paciencia de Dios tienen como propósito conducir al pecador al arrepentimiento, no a vivir vidas en continua rebeldía. 


Además, Nahúm nos recuerda que ninguna generación puede vivir de la fe de sus antepasados, la fe salvífica es personal, no se hereda, depende de la obra regeneradora y soberana de Dios en cada corazón.


El Dios que no cambia


Dios no cambia. Todas las criaturas cambian. El mismo Dios de Jonás es el de Nahúm. Misericordia y juicio forman parte del carácter de un Dios que es amor y es santo. 


Hoy sigue siendo vital conocer al Dios que se ha revelado en las Escrituras antes de precipitarnos en hacer caricaturas que llevan por camino de perdición, diosecillos intentando usurpar el lugar al Dios revelado para satisfacer nuestros deseos pecaminosos. 


Jonás y Nahúm son un ejemplo claro de que el Dios trino es Misericordioso, pero también Justo. No podía ser de otra manera. El Dios santo que ama perfectamente hará justicia. 


Pero ¿cómo puede Dios ser perfectamente santo y perfectamente justo y, al mismo tiempo, mostrar misericordia al pecador? La respuesta se encuentra en la cruz de Cristo. Allí la justicia y la ira santa de Dios cayeron sobre Jesucristo que cargó con los pecados de su pueblo. En la cruz contemplamos el encuentro perfecto entre la misericordia y la justicia de Dios. El salmista lo expresa de forma poética al decir: «La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron» (Salmo 85:10). La pregunta es ¿tienes abogado para el día del juicio final? (1 Juan 2:1).


Hoy vemos de forma completa la historia, tenemos el canon de las Escrituras terminado, el Antiguo y el Nuevo Testamento, Cristo ya estuvo aquí, crucificado, resucitado y sentado a la diestra del Padre. Hemos comprobado que cumplió las promesas mesiánicas y hemos leído sus propias palabras, tenemos el testimonio de los apóstoles, basado en esa realidad ¿qué debemos hacer? 


El llamado a nuestra generación


Nínive tuvo un mensajero que no tenía la revelación completa, pero que fue y advirtió a una ciudad enemiga de Dios y se arrepintieron. Jesús mismo confronta a sus contemporáneos:


«Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar»

(Mateo 12:41)

Y tú, ¿cuál es tu excusa hoy?


 El hombre sigue sus deseos pecaminosos porque es malo, ama más las tinieblas que la luz (Juan 3:19), pero la misericordia de Dios aún está en la tierra, la oferta de Jesús sigue en pie hoy también: 


«El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; 

arrepentíos, y creed en el evangelio»

(Marcos 1:15)


 
 
 

Comments


Renovando Tu Mente

​

"No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cómo es la voluntad de Dios: buena, agradable y perfecta."

Romanos 12:2

  • Youtube
  • Facebook
  • Instagram

Contáctanos

Si tienes alguna duda, solicitud o sugerencia puedes enviarnos un mensaje llenando el siguiente formulario:

© 2035 by by Leap of Faith. Powered and secured by Wix

bottom of page